El
leopardo de la medianoche
James
McClure
James
McClure
Un tributo
OBITUARIO PUBLICADO EN THE GUARDIAN (21-6-2006)
JAMES McCLURE
9th October 1939 to 17th June 2006
EXPATRIATE
SOUTH AFRICAN JOURNALIST AND
AN EXCELENT CRIME WRITER
Obituary
by Duncan Campbell, The Guardian
James McClure, the author and journalist, who has died aged 66, is best-known
for the much-garlanded Kramer and Zondi detective novels that subtly brought
the reality of apartheid-era South Africa to an international audience. But
he was also the author of two of the best post-war books about the inner workings
of the police on both sides of the Atlantic and a campaigning and independent-minded
editor.
Born in Johannesburg and educated in Natal, Jim, as he was always known, worked
as a photographer before becoming a teacher at Cowan House in Pietermaritzburg,
where he first started writing creatively in the form of school plays. He
left teaching to become a reporter, first with the Natal Witness and then
the Natal Mercury and his crime beat soon took him to the dark side
of what was happening in South Africa at that time. His reporting of what
he saw - including a black prisoner being dragged through the streets attached
by his handcuffs to the back of a police van —led to the authorities
taking an interest in him and the police would knock on his front door in
the middle of the night to make sure he knew they were watching him. Other
friends were now being arrested and having married his sweetheart, Lorly,
and become a father, Jim decided, in 1965, to make his future in Britain.
After working as a sub-editor for the Scottish Daily Mail in Edinburgh,
he moved south to Oxford and began what was to become an association with
the Oxford Mail and Oxford Times that was to last for the
next three decades. Possessed of a ferocious work ethic, he managed to combine
a busy journalistic life and a growing family with the creation of one of
the most successful detective partnerships in the crime novel.
The Afrikaner Lieutenant Tromp Kramer and the Zulu detective sergeant, Mickey Zondi, arrived on the scene in The Steam Pig in 1971 and duly won Jim the Crime Writers' Assocaition Gold Dagger that year. Seven more Kramer and Zondi books, including The Caterpillar Cop (1972), The Gooseberry Fool (1974), The Sunday Hangman (1977) and The Artful Egg (1984) were to follow, as were other novels including Four and Twenty Virgins and Rogue Eagle, which won him the 1976 CWA Silver Dagger.
He
enjoyed the esteem of both fellow-writers and critics. Ruth Rendell said of
The Song Dog, which was set in the week that Nelson Mandela was take
into custody: "at one and the same time, this is spellbinding thriller,
a social document exposing one of the less well known ugly faces of apartheid
a serious novel about an iniquitous past...This great storyteller is at the
peak of his considerable powers here." Susanna Yager said of him that
"even his corpses seem more real than some other authors' living characters."
In 2000, The Artful Egg was included in a list of 100 Best Crime
Novels of the 20th Century in The Times. Neil Kinnock is one of his many fans.
Jim was not only interested in fictional cops. In the late seventies, he attached
himself to 'A' Division of the Merseyside police and won the confidence of
the officers there so well that he was able to produce Spike Island: Portrait
of a Police Division in 1980, a book that managed to capture and humanise
the police in ways that few such books ever do. He repeated the feat in San
Diego, California four years later with Copworld.
After a break from journalism, which included a brief spell —in unmistakably
McClure style— as an undertaker, he returned, and eventually became
the editor of the Oxford Times, which won the weekly newspaper of
the year award under his editorship. He became editor of the Oxford Mail
in 2000 and remained there until his retirement last year. He had a talent
for spotting young journalists and for championing causes. As one of his former
colleagues put it this week, "generations of young journalists owe Jim
McClure a great debt. In the 1970s when features editor of the Oxford
Times and much later as editor of the Oxford Mail, he gave young,
aspiring reporters and sub-editors their break and encouraged them greatly
in their work."
He battled the ill-health which overtook him over the last few years with
his characteristic dark humour, recounting tales of hospital visits with the
same vivid attention to detail and wit that characterised his writing. He
had recently reworked a screenplay set in the underground tunnels in the Vietnam
war and he was writing a new novel, set in Oxford. Always a technological
adventurer, he had also just started his own blog when his final illness overtook
him. He was sustained throughout his life by his love affair with Lorly, to
whom many of his books were dedicated, and by their three children, who inherited
his creative enthusiasms. Only a few weeks before his death, he was present
at his son, Alistair's, directorial debut production of The Tempest
in London, with music from his composer daughter, Kirsten, and advice from
his other son, James. He is survived by them all and by his sister, Lalagaye.
James Howe McClure: writer, journalist. Born 9 October 1939. Died June 17, 2006.
http://books.guardian.co.uk/obituaries/story/0,,1803287,00.html
Yo entiendo que fue el último gran «hard-boiler»: aún
queda James Crumley, pero Jim McClure fue único, su inteligencia y
su astucia narrativa no tienen parangón, ni tienen nada que ver con
lo que hoy se estila en el mercado. Jim era genuino, un narrador de pura cepa,
un hombre dotado con el don de contar historias, en el sentido más
noble de la expresión, como esos narradores que en los poblados africanos
toman la voz al caer el día, ante un corro de oyentes asombrados, y
maravillados. Esas magias de Jim McClure: Zondi descubriendo al final quién
fue el tipo que realmente lanceó al hechicero libidinoso, las tretas
que uno puede utilizar con balas de fogueo, y el auténtico asesinato
de El Leopardo: el del niño hindú que muere carbonizado en el
furgón policial - a ese niño lo ha matado toda una sociedad.
En fin, un gran narrador, un enorme y sutil narrador.
PACO CAMARASA, librero de Negra y Criminal (Barcelona)
Recuerdo la Terraza del Don Manuel, una mañana de Semana Negra, los
primeros días, saludé a Justo Vasco, a Cristina y a Laura, y
le pedí a Justo que me presentará a James McClure. Tenía
ganas de conocerlo, desde que Etiqueta Negra de Júcar (es decir Paco
Ignacio Taibo II) lo tradujera al castellano, allá por los inicios
de los 80.
Y rápidamente, con el buen humor con el que le vería el resto
de la Semana, hizo una broma con Justo Vasco (¡ Que tristeza produce
escribir sobre ambos !): Este es el más importante, refiriendose a
mi. Ni editores, dijo, ni críticos, ni periodistas, ni autores, el
importante es él, el librero, el bookseller, el que vende
los libros. Y esa fue la tónica de los dias que nos vimos en la semana:
buen humor y sonrisas y abrazos. A Montse y a mi nos ocurre con algunas pocas
personas: No importa que no sepamos lo que dicen, pero lo que sí sabemos
es que nos apetece verles, sonreir con ellos, y abrazarles. James McClure
fué uno de ellos.
Y mi último contacto con él fué más reciente.
Como animador de un club de lectura sé que la última lectura
del curso es importante. Es el que guardarán en la memoria durante
el verano Y decidí que ese libro que les dejaría buen sabor
de boca, el que cierra el curso del Club de Lectura de Novela Negra de la
Biblioteca de Montbau sería El Leopardo de la Medianoche. Y no me equivoqué.
Los lectores y lectoras disfrutaron con las andanzas de Kramer y Zondi.
Paco Camarasa,
también,
en su "Carta del librero"
del 21 de junio de 2006.
Ayer
nos llegaron dos mensajes. Tanto Ramon García, su traductor, como Gisbert
Haefs su colega y amigo, nos comunicaban que James McClure había fallecido
el pasado sábado, día 17 de Junio. No había podido ganar
la batalla contra la leucemia.
Hace años en la excelente y mítica coleccion Etiqueta Negra
de editorial Júcar, nos llamó la atención dos libros
que trascurrían en la Sudáfrica del apartheid: El Huevo
ingenioso, y El cerdo de vapor. Y nos quedamos con el Teniente
Kramer y el Sargento Zondi, una pareja atípica en el mundo de lo negrocriminal.
El año pasado Funambulista nos regalaba un nuevo título protagonizado
por esta pareja : El leopardo de la medianoche. Y tuvimos el inmenso
placer y honor de conocer a James McClure en la Semana Negra de Gijón.
Nosotros no sabemos inglés, y él no sabía ni catalán
ni castellano. Pero nos entendimos estupendamente en el lenguaje de las sonrisas
y los abrazos. Nos gustaba tenerlo en la parada que la librería tiene
en Semana Negra y encontrarnoslo por la mañana en la terraza del Hotel
Don Manuel. (http://negraycriminal.blogcindario.com/) Pero sobre todo nos
encantó leer El Leopardo de la medianoche, y volver a disfrutar
de su sentido del humor y su capacidad de observación y denuncia de
la miseria cotidiana que supone una sociedad racista como la sudafricana.
Y compartímos ese placer con los que le recomendaron para ser finalista
de los Premios Brigada 21, y con los miembros del Club de Lectura de Novela
Negra de la Biblioteca de Montbau. El leopardo de la medianoche fué
el último libro que se ha comentado este curso.Para quedarse con buen
sabor en la memoria.
Nosotros hoy seguiremos la sugerencia de nuestro amigo Gisbert Haefs:"Antes
de su enfermedad, Jim era un muy erudito bebedor de ron. Sugiero que brindamos.",
pero nuestra recomendación es que , si no lo han hecho ya, lean El
Leopardo de la medianoche. Es el mejor homenaje que pueden hacer ( y hacerse
) a un hombre bueno como era James McClure.
http://negraycriminal.blogcindario.com/2006/06/00364-carta-del-librero-21-6-06.html
PILAR ADÓN, escritora
Antes de sentarme a la mesa de James McClure, hace ahora justo un año,
había hablado con él un par de veces por teléfono. La
Editorial Funambulista había publicado su novela El leopardo de
la medianoche y Jim estaba a punto de venir a España invitado
por la organización de la Semana Negra. Hablamos por teléfono
de sus horarios, de sus vuelos, del hotel en el que iba a alojarse con su
mujer, Lorly, y de lo mucho que se le esperaba y se le admiraba por aquí.
Y él contestaba a todas mis preguntas con una gentileza magnífica,
asistiendo con paciencia a ese extraño nerviosismo que nos suele asaltar
cuando debemos decir en otro idioma muchas cosas y sin dilatarnos demasiado.
Días después, Enrique Redel y yo nos acomodábamos en
la casa que tiene en Gijón la madre de Ramón García (autor
de la extraordinaria traducción de El leopardo de la medianoche
y verdadero artífice de la publicación de esa novela en España).
Lo primero que hicimos fue ir al Don Manuel, donde se alojaban Jim y Lorly,
para comer con ellos, y comenzaría así un inolvidable fin de
semana de conversaciones inagotables, de viajes, de literatura y, esencialmente,
de cordialidad. He de decir que mis planes iniciales consistían en
desaparecer en cuanto pusiera un pie en Gijón. Quería dejar
que Enrique trabajara mientras yo me dedicaba a pasear por la playa, a leer,
a tomar un zumo de fruta detrás de otro, y a olvidarme del mundo entero
durante dos días. Pero todos esos planes fueron concebidos en un Madrid,
como siempre, devastador, cuando aún no me había sentado a la
misma mesa que James McClure, cuando aún no había escuchado
ninguna de sus fascinantes historias, cuando aún no había charlado
con Lorly sobre lo que eran nuestras vidas a diario. Tras todo eso, desaparecer
habría sido imposible, además de estúpido.
Iniciamos los cinco (Jim, Lorly, Ramón, Enrique y yo) un éxodo
hacia la Sudáfrica de Jim, hacia la realidad de su trabajo allí
como periodista, hacia sus verdaderos motivos para dejarlo todo y venirse
a Europa con muy poco dinero (no quería que su hijo tuviera que crecer
en un ambiente como aquél), hacia las fantásticas experiencias
de su familia, hacia las motivaciones y excusas para sus novelas… Porque,
como dice Ramón García, Jim poseía el extraordinario
don de contar historias. Un don envidiable y cada vez más escaso, aunque
paradójicamente sean cada vez más los que creen poseerlo. Y
con ese don suyo nos trasladaba a todos de un lugar a otro, entre risas y
con expresiones del más profundo asombro.
Al final resultó que sí llegué a dar mis anhelados paseos
por la playa. Pero no a solas, sino al lado de Lorly, mientras Enrique y Jim
caminaban por delante de nosotras. Nos perdimos y luego nos encontramos de
nuevo para ir a cenar. Jim dio su conferencia, charló con la prensa,
lució su sombrero de viajero por la feria y por todos esos puestos
llenos de objetos y de realidades que no dejaban de llamar su atención.
Volvió a deslumbrarnos una vez y otra con nuevas historias, y volvió
a mostrarnos la sabiduría que guarda en su interior un hombre que lee
y observa y sigue aprendiendo.
No he querido hablar de la literatura de James McClure. Otros autores más
experimentados se encargarán de eso. He querido hablar del Jim McClure
amigo. Todos tenemos la capacidad de querer a los demás y, aunque los
tiempos no resulten demasiado propicios para ir poniendo en práctica
dicha capacidad con demasiada frecuencia, aquel fin de semana en Gijón
hizo que cinco personas llegaran a quererse como cinco niños tras un
caluroso verano lleno de aventuras. No sé en cuántas ocasiones
nos habrán invitado desde entonces a su casa, cerca de Oxford, donde
tantas veces dije que quería ir para visitar los sitios por los que
anduvo Iris Murdoch. Y no sé en cuántas ocasiones me lo habré
planteado. Ahora Jim McClure ha muerto y una, que tiende a pensar que siempre
habrá tiempo para todo, comprende de repente que ya no habrá
tiempo para recorrer Oxford a su lado, escuchando aquellas historias sorprendentes
de policías y de periodistas. Una comprende de repente que viajar a
Oxford será ya algo inútil.
PACO
IGNACIO TAIBO II
(incluimos aquí el prefacio a la novela de James McClure El huevo
ingenioso, publicada por Júcar en 1988)
James
McClure es un autor sudafricano, de casi cincuenta años, que reside
en Inglaterra y escribe sobre su país natal. A pesar de sus veinte
años londinenses, McClure tiene una obsesión literaria que le
hace volver permanentemente al país que ha hecho del racismo una institución.
Sorteando la feroz censura sudafricana, su obra no sólo goza de una
enorme estima en Gran Bretaña y los Estados Unidos, sino que también
es leída en su tierra.
Su primera novela, The steam pig, es un resultado de una apuesta contra el
hambre; escrita en quince días para sacarle dinero a un editor, se
convirtió en un gran éxito instantáneo por la consistencia
de los personajes, el brillante manejo de la anécdota y el descubrimiento
del mundo cotidiano de Sudáfrica para millares de lectores. El libro
aparecido en 1971, inició una larga serie en la que son personajes
el teniente Trop Kramer, blanco de remoto origen familiar holandés,
y su ayudante el sargento Mickey Zondi, negro de la tribu zulú, adscritos
a la escuadra criminal de la policía del barrio de Trekkersburg.
Luego siguieron The sunday hangman, Snake y El huevo
ingenioso, y la serie rompió fronteras idiomáticas para
darse a conocer entre lectores japoneses y alemanes.
McClure trató de mantenerse en la débil línea fronteriza
que le permitiera hacer una literatura antirracista y ser publicado en su
país consciente de que “mis lectores eran una audiencia conservadora,
personas como mi padre que leyó novelas policiales durante toda su
vida”. La solución la encontró en una literatura descriptiva,
puntillosamente realista en la que los juicios morales del autor han desaparecido
para dejar lugar a la narración pura.
Autor también de novelas de espionaje, McClure ha incursionado en trabajos
de literatura periodística sobre temas policíacos, como Cop
World, una descripción de la policía de San Diego que mereció
el aplauso de maestros norteamericanos del género como Ed McBaine (“Un
libro excitante”) y Ross Thomas (“Un espléndido recuento
subjetivo de cómo 1350 policías tratan de mantener baja la tasa
criminal en una ciudad de un millón de habitantes arrojada sobre la
frontera mexicana”). McClure escribió también un texto
similar sobre la policía de Liverpool.
El huevo ingenioso es el primer libro de este escritor sudafricano
que se publica en español y estamos seguros de que los lectores nos
pedirán que reincidamos.
LEO
ZELADA
(el escritor peruano afincado en Madrid nos envía lo publicado en su
blog personal el día 21 de junio)
http://leozeladabrauliograjeda.blogspot.com/
Fallece el maestro de la novela negra James McClure
Esta noticia que casi no ha circulado mediaticamente en las secciones culturales
de los diarios, nos la ha comunicado la editorial española Funambulista
quienes fueron los principales impulsores de la difusión de la obra
de Mc Clure en lengua castellana. El autor dejo de existir el el pasado sábado
17 de junio en el hospital John Radcliffe, de Oxford.
James McClure, es considerado uno de los más destacados novelistas del género policial del siglo XX. Nació en la ciudad sudafricana de Pietermaritzburg en 1939.En 1965 se exilió voluntariamente a Escocia. En 1971 obtuvo el premio Gold Dagger de la «Asociación Británica de Escritores de Novela Negra» por El cerdo de vapor. Ha publicado entre otras The Caterpillar Cop (1972), The Gooseberry Fool (1974), Snake (1975), y The Blood of an Englishman (1980) en la que aparece la pareja policial interracial de Kramer y Zondi. En 1984 publica su novela más exitosa titulada El huevo ingenioso. En 1991 cerró la serie de Kramer y Zondi con The Song Dog. El autor es creador de una serie de novelas en las cuales el teniente blanco Kramer y el sargento zulú Zondi, con ironía y crudeza resuelven los más espinosos casos ambientados en la oprobiosa época del Aparthied Sudafricano. Algunos los consideran uno de los más interesantes representantes del género de la narrativa policial étnica. Casualmente uno de sus mas emblemáticas novelas ha sido traducida por Ramón García al castellano en la editorial Funambulista y la ha titulado "El Leopardo de la medianoche" basada en la búsqueda del asesino de un niño blanco de 12 años que aparece mutilado y no se sabe quien pudo cometer tal infame hecho, lo cual da origen a una trama en donde se pueden vislumbrar motivaciones de lo mas dispares y oscuras. Mc Clure con un conocimiento agudo de la naturaleza humana y una profundidad en sus observaciones convierte esta novela en unas de las cumbres de la literatura policial. Novela excepcional que recomiendo leer fervientemente.
¡Larga vida al maestro James McClure!
Si
eres lector de las novelas de James McClure y amante de su genuino mundo policiaco,
nos encantará recibir tus opiniones
y tu homenaje a este autor.
Escríbenos a enriqueredel@funambulista.net, e incluiremos tus comentarios en este particular tributo a McClure.